Reacciones a la guía II

Como dije reservo esta segunda parte de reacciones a la guía para dar mi opinión sobre las ideas que fueron apareciendo sobre la conveniencia o no de enseñar nuestro trabajo y la resistencia de los profesores a compatir su trabajo y reflexionar con otros colegas.

1.El número de comentarios en relación al número de visitas.
Muchos son los que visitan, pero pocos los que comentan. Es un hecho y no creo que se pueda decir mucho. Yo mismo visito mucho, muchísimo, más que comento. La mayoría de las veces no tengo nada que aportar, aunque me interesan la mayoría de las cosas que leo por ahí. Sé perfectamente que alguien que tiene un blog agradece mucho cualquier tipo de comentario, aunque sea sólo para que sepa que hay alguien ahí al otro lado. Soy el primero que me alegro cuando veo un comentario. A pesar de todo, hago pocos comentarios en los blogs que leo. Por otra parte entiendo que es normal leer más que comentar. Pensemos en las clases presenciales a las que hemos asistido. ¿Intervenimos siempre que tenemos una duda, un comentario o algo que aportar? Pensemos en las clases que damos. ¿Intervienen mucho nuestros alumnos?
Cuando empecé el blog no esperaba muchos comentarios, así que para mí no es un problema. Hago este trabajo, sobre todo, para mí. Naturalmente si hay muchos comentarios mucho mejor, pero seguiré adelante con mis pocos comentarios.
2.Hacer público nuestro trabajo.
Mucha gente tiene reticencia a hacer público su trabajo por miedo al robo intelectual. Es una posibilidad real que siempre está presente, pero no creo que sea tan importante como parece. Primero porque están las licencias Creative Commons, por ejemplo, y uno puede registrar sus contenidos legalmente, de forma que si fuera necesario ir a un tribunal podría probar que una obra intelectual le pertenece. Obviamente hay un debate abierto sobre la necesidad de que las publicaciones on line se reconozcan según los mismos baremos que las publicaciones en papel. ¿Si alguien escribe un artículo y lo registra porque no se debe evaluar con los mismos criterios que si ese artículo hubiera sido publicado en papel? La institución va por detrás de la realidad y cuanto más tarde en adaptarse peor. En segundo lugar, uno tiene que saber bien lo que hace público. Por ejemplo si yo enseño un mapa conceptual de un artículo que he leído puedo estar tranquilo. ¿Quién va a robar eso? ¿Un estudiante de bachillerato para entregarlo a su profesor? No hay nada que robar, el artículo está para quien lo quiera leer. Es como si tuviera miedo de contarle a una persona una película por miedo a que me robe la idea (¿de mi resumen del argumento?). Tampoco entiendo la reticencia a publicar esquemas de actividades que hemos hecho en clase. Nadie inventa nada nuevo. Todos cogemos de aquí y de allí. Una audición de un libro, un texto de otro, un vídeo de youtube que vimos en un blog, una práctica de Didactired, una expresión oral que le vi hacer a un profesor en un seminario, la tarea del compañero de departamento, las fotos del libro de texto de moda o de flickr, unas tarjetas que recortó hace años aquella danesa de ojos azules que conocí en Berlín para ayudarme y, para casa, del cuaderno de ejercicios de nuestra editorial favorita. ¿De verdad alguien ha hecho algo tan tan nuevo y tan tan bueno que merezca la pena tenerlo guardado?
Busca, toma lo que quieras, remézclalo y ponlo en circulación. Sin miedo, los demás hacen lo mismo.

3.Enseñar nuestro trabajo a otros profesores.
Soy el primero que no le gusta que entren a observarlo o que me pidan una programación o me revisen una actividad. Es por miedo. Miedo a que descubran que lo hago mal, que no sirvo, que soy mal profesor, que me equivoqué en muchas cosas. Es lo que hay. Me esfuerzo en cambiar. Es curioso por que a mí me gusta mucho observar clases de otros. Siempre aprendo mucho tanto de lo que hacen los profesores como de lo que ocurre en el aula. Es posible que sea una cosa cultural. En España cuando te dicen que van a visitar una de tus clases, es que viene el inspector del ministerio y te quedan dos días o que viene el jefe de estudios de la academia porque los estudiantes se han quejado. Eso es, al menos, lo que pensamos. Recuerdo que cuando hice el CAP y tuve que dar una de mis dos clases, mi tutora me preguntó si quería que ella estuviera presente o no. Me dio la posibilidad de elegir por si no me gustaba que me mirasen. Se supone que ella me enseñaba algo, pero eso no impedía que estuviera en el bar para que yo me tranquilazara. Por supuesto no me dijo ni mú cuando acabé mis clases. Me calificó, pero no me enseñó nada. Hoy tengo mi título. Mi madre le compró un marquito con una filigrana finísima. Adorna la pared.

La profesión de enseñar debe ser una de las pocas en las que la gente con poca experiencia no aprende nada de la gente más veterana. Es una paradoja que aquellos que “enseñan” sean incapaces de “enseñar a sus colegas” nada de lo que han aprendido con su experiencia diaria. Ni siquiera se plantea. Creo que afortunadamente los profesores de ELE estamos teniendo una formación un poco diferente. Se nos anima a reflexionar conjuntamente, a aprender de los demás y con los demás. La teoría está ahí. Quizá nos falten elementos concretos, herramientas, prácticas y modelos en los que fijarnos, pero es cuestión de tiempo. Eso sí, tenemos que ser consecuentes. No vale escribir en el portafolio que uno juraría por la salud de su padre sobre la biblia del aprendizaje cooperativo y después guardar su trabajo bajo siete llaves.
Abre la puerta de tu clase, aprende de tu compañero, déjate aconsejar, aprende en la sala de profesores, forma equipos. El más tonto hace relojes, ergo se puede aprender de cualquiera y cualquiera puede aprender de ti. No lo dudes.

Gracias otra vez a los que han comentado. No sabéis lo importante que ha sido para mí cada uno de vuestros comentarios. Sigan ahí y de vez en cuando escriban algo.

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9 comentarios en “Reacciones a la guía II

  1. Con respecto al miedo a la observación creo que es cuestión de acostumbrarse, por un lado, y de tener observadores constructivos, por otro.
    Cuando yo hice el curso para profesores de ELE de IH Barcelona me observaron por primera vez dando una clase. Tengo que decir que por entonces ya tenía nueve años de experiencia como profesora, aunque no de ELE, y , aún así ,lo pasé fatal.
    Sin embargo, cuando continuaron las observaciones me fui acostumbrando. Además el trabajo de las observadoras me ayudó mucho a hacerme consciente de mis errores.
    Pero, para que esto sea posible, no vale con cualquier observación ni con cualquier observador. Creo que para que esta actividad sea productiva el observador y el observado deben compartir un programa: qué se va a observar y con qué fin. En nuestro caso en el curso de la IH en cada observación se hacía hincapié en la puesta en práctica de aquello que habíamos aprendido en los día anteriores. Evidentemente este tipo de observación tiene por objeto que el profesor aprenda, y no tiene nada que ver con “una inspección de control” .
    De todas formas también creo que estas inspecciones son necesarias tanto en la administración como en las escuelas privadas, para que no nos durmamos en los laureles o no nos confíemos. Eso sí, deberían enfocarse en la medida de los posible de forma razonable, permitiendo al profesor una rectificación de su método si fuera necesario. De hecho este control razonable de los trabajadores existe en IH Barcelona y creo que no funciona mal. A una compañera -fruto de una de estas observaciones de control- le dijeron que se había relajado en algunos aspectos y que debía intentar mejorar. La jefa del departamento pedagógico la guió, la estuvo observando unos cuantos días y despúes le dieron el visto bueno a la mejora.

    De todas formas diré que, a pesar de esta parrafada que he escrito, si me dicen que mañana me vienen a observar me pondría de los nervios…

  2. Muy interesante, Dani. Estoy de acuerdo contigo en que es muy beneficioso compartir nuestras experiencias docentes, porque nos permite aprender unos de otros. También coincido contigo en las causas que crees que hacen que seamos reticientes a hacerlo.

    Desviando ligeramente la línea de argumentación a un tema al que le llevo tiempo dando vueltas, me gustaría decir que un blog puede ser un buen lugar para hacer públicas nuestras experiencias docentes y compartir nuestro conocimiento, pero lo que dudo es que sea la manera más gratificante y efectiva de hacerlo para la mayoría de nosotros. Ahora estoy molido y es tarde, per si tengo tiempo en los próximos días, intentaré desarrollar esta idea; eso sí, no prometo nada.

    En cuanto al comentario de Raquel, me parece muy acertado. La observación de clases puede suponer una gran oportunidad de aprendizaje, siempre que se lleve a cabo de mutuo acuerdo y con objeto de mejorar (no castigar ni sancionar) nuestra práctica docente, puesto que nos ofrece la oportunidad de aprender de los que tienen más experiencia -o diferentes experiencias- que nosotros. Personalmente, las observaciones de mi tutora en las prácticas del máster me resultaron de gran ayuda; tú lo sabes bien, Dani, porque hicimos las prácticas juntos 🙂

    Un abrazo, chicos.

  3. Poco puedo aportar a lo que dices. La verdad es que estoy de acuerdo con todo porque, por ejemplo, en referencia a las prácticas del CAP yo tuve una experiencia parecida que ya conté en su día. Lo cierto es que con aquello que hice no hubiera sacado nada de provecho. Hubiera sido mucho mejor si la tutora me hubiese indicado las cosas que debía corregir. Otro tema fue la formación teórica que no voy a comentar. Yo he aprendido y aprendo a dar clases a base de golpetazos.
    En cuanto al miedo escénico o el miedo a que nos evalúen como docentes no deja de ser llamativo que digamos a nuestros alumnos que los errores son buenos porque se aprende de ellos y luego nosotros no seamos capaces de asumir que los comentemos. A un profesor por lo general le crea mucho estrés tener que admitir que no sabe tal o cual cosa, o incluso que se ha equivocado. (Supongo que porque consideramos que tenemos que saberlo todo).
    De cualquier modo, siempre cuesta exponerse y lo dice una persona de naturaleza tímida que intenta dar un paso más cada día. (Tengo muchas cosas en el cajón todavía, quizá algún día las saque de ahí).
    En fin, podría decir muchas cosas más pero quizá lo haga en mi blog.
    Un abrazo

  4. @ Raquel.

    Volvemos a lo mismo. Yo planteo la reflexión no como una forma de evitar el relajamiento o la desviación del método, sino como un trabajo en equipo que se hace de forma voluntario y cuyo objetivo es seguir aprendiendo.

    @Iñaki

    Totalmente de acuerdo en que el observado no es pasivo sino que interviene tanto o más que nadie en la planificación de su observación y en el análisis de los resultados y que debe ser siempre negociado entrre observador y observado. Nunca debe hacerse para calificar.

    @Maribel

    A veces las personas más tímidas son las más lanzadas en estos temas. No sé por qué.

    Tienes mucha razón en la paradoja de los errores que señalas. Como decía Encarna en uno de los comentarios en el blog de Iñaki, muchas veces entramos en contradicción entre lo que hacemos y lo que decimos o entre lo que decimos que pensamos y lo que realmente pensamos.

  5. Releyendo mi entrada me doy cuenta de que, efectivamente, mezclé dos cosas: una, la observación para aprender y mejorar, y otra la observación para controlar.

    Creo que las dos son posibles si bien tienen objetivos diferentes. Quizás el problema esté en que a menudo, aunque solo nos observen con el objetivo de que aprendamos de nuestros errores, automáticamente nos ponemos en guardia porque pensamos en el otro tipo de observación.

    También rectifico en cuando a la necesidad que planteaba de la observación como control. La verdad es que creo que no tiene por qué ser necesaria si los resultados del proceso de aprendizaje de los alumnos son buenos. ¿Qué mejor señal que esa para saber que estamos haciendo bien nuestro trabajo?

    Claro que esto plantea otro problema, ¿cómo medir los resultados de ese proceso?

  6. Raquel, es verdad que es difícil medir los resultados del proceso de aprendizjae, pero no hemos de olvidar que lo hacemos, mejor o peor…
    En relación a la observación, yo creo que aunque los resultados de los alumnos nos parezcan buenos (los alumnos siemrpen aprenden “o gracias al profesor o a pesar de él”), la observación puede convertirse en una herramienta que favorezca el desarrollo profesional. Se puede trabajar a partir de objetivos. Y no solo la observación para pofesores en formación o con poca experiencia, los profesores que llevan muchos años trabajando a menudo tienen dudas y períodos de crisis. En esos momentos lo ideal sería trabajar en un entorno que propiciara la observación entre iguales o por parte de un formador experimentado al que poderle plantear qué es lo que queremos que observe; que se centre en el aspecto ante el cual estamos inseguros o en los aspectos nuevos que queremos introducir en nuestra clase. A partir de las notas y de las sesiones de retroalimentación seguro que podemos extraer una valiosa información. Cuando el entorno no es favorable, yo creo en la autobservación a partir de grabaciones de vídeo. Se puede proceder igual que si estuviéramos observando a un colega, a partir de fichas de observaciones diseñadas por nosotros mismos.

  7. Como tú e Iñaki, hice prácticas supervisadas por una experta en ELE, y la verdad es que aprendí (y sigo aprendiendo cada vez que releo sus comentarios) muchísimo.
    Por eso, aunque me resulte un poco incómodo el hecho de sentirme observado, creo que es muy significativo. Después entran en juego aspectos tan importantes como quién observa, cómo, cuándo, para qué y, sobre todo, qué. Soy de la opinión de Vicenta: no se puede observar todo en una clase (ni en dos ni en tres) sino que es necesario plantearse un objetivo (el discurso del profesor, la relación profesor-alumno, etc.) para delimitar la observación.
    A mí me encantaría que vinieran a observar mis clases, pero por varios motivos (lejanía y falta de trabajo) hoy por hoy no es posible. Y como creo que a vosotros también os gustaría, una posibilidad es, como dice Vicenta, grabaros y después enviad el video (o colgarlo en la red) para que obtener comentarios.
    Yo participaría en ese tipo de feed-back.

  8. Al releer mi comentario y las respuestas que ha habido, nuevamente me doy cuenta de aspectos en los que no había pensado.
    Tiene razón Vicenta cuando dice que los alumnos aprenden con nosotros o a pesar de nosotros. Además, pensándolo con detenimiento, no podemos saber qué aprenden los alumnos fuera de clase y que aprenden en clase, así que su progreso, efectivamente, no significa que no debamos revisar nuestra actuación.
    Me apunto pues a la observación, pero de momento sin video, porque no tengo cámara. He hablado con el único compañero de ELE en la universidad y vamos a observarnos mutuamente. Será, eso sí, después de Navidad, porque ahora mismo yo no estoy impartiendo clases de ELE.

    Un saludo a todo y gracias por hacerme ir más allá en mis reflexiones.

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