Making off de la memoria de máster: por qué descarté el enfoque etnográfico

Empecé la investigación para mi memoria con la idea inicial de hacer una investigación etnográfica. Mis modelos, en aquel momento inicial, eran Van Lier (1988) y Cambra (2003). Pasé mucho tiempo haciendo trabajo de campo. Fue un período total de seis meses con dos picos de observación intensiva de casi un mes. Más de diez clases observadas, nueve entrevistas en profundidad y notas de varios informantes. Un cuestionario a más de 20 alumnos. Más de diez clases observadas y grabadas en audio. Una colección de documentos relacionados con todo lo que se hizo en las clases que presencié y con los materiales que usó la profesora. Intentos, fallidos eso sí, de recoger información oficial sobre el currículum del centro y sobre el funcionamiento de las secciones bilingües húngaro-españolas. Y alguna información relativa al contexto sociolingüístico de la ciudad y del país. Es muy posible que parte de este trabajo tenga una validez discutible (los cuestionarios, por ejemplo serían difícilmente utilizables), pero, en general, creo que hice una investigación de campo correcta. A partir de aquí empiezan los problemas que no pude resolver y que me llevaron a dejar atrás todo esto.

  • El límite de las 20000 palabras. Creo que no se puede hacer una memoria de máster que consista en una investigación etnográfica seria en tan poco espacio. Es imposible presentar todos los materiales, explicar el contexto, hacer un análisis señalando todas las evidencias y una conclusión que conecte todo eso con el contexto en tan poco espacio. Ya sabía que era demasiada información. Pensé que era mejor recoger tanta información como pudiera y que después podría descartarla puesto que, mientras se está en el campo, es difícil saber qué será importante y qué no. Además pensaba que todo me ayudaría en mi análisis o en una triangulación final, aunque no pudiera incluirlo en el texto final. No es tan fácil como pensaba. Cualquier información que se use requiere ser presentada, analizada, mostrar las evidencias, contextualizarlas, etc. y eso multiplica las palabras.
  • La interpretación. Señalaba Wolcott (Wolcott, 1985) que hacer etnografía no se limita al trabajo de campo y que muchos de los estudios que se presentan como etnográficos sólo tienen esta primera parte de la etnografía. Para él, el rasgo esencial de la etnografía es que es una “interpretación densa”, esto es, una interpretación que relacione y explique los datos observados dentro de las tramas de significado en las que se hallan insertos en tanto que pertenecientes a una cultura (Geertz, 1973). Para mí fue imposible hacer esa interpretación densa que conectara lo observado con algo tan grande como “la cultura”. Simplemente es algo que supera mis posibilidades. La sensación de que lo que estaba planeando incluía el trabajo de campo pero no un verdadero trabajo interpretativo me acompañó desde el inicio y estuve tratando de resolver el problema sin conseguirlo. Esto se agudizó cuando leí “An Ethnography By Any Other Name …” (Agar, 2006). Agar plantea allí que la etnografía busca el significado de los hechos y hace, entonces, una reflexión sobre lo qué es el significado. Siguiendo a Malinowsky y a Wittgenstein, dice que el significado es el uso en contexto y que es imprescindible el contexto para llegar al significado. De forma que si la etnografía quiere alcanzar el significado de los hechos, debe reconstruir el contexto para que éstos sean inteligibles tal y como lo son dentro del contexto en el que tienen lugar. Esto me dejo ante otro problema: ¿cómo representar el contexto? Acumulé un montón de páginas con datos biográficos de los participantes, datos sobre la escuela y sobre las secciones bilingües, datos sobre el contexto sociolingüístico de la ciudad y del país. Lo que no encontré fue la manera de conectar esos datos con los hechos que yo quería explicar. En mi investigación esos datos, aunque se referían a los participantes, a la escuela y al contexto, estaban desconectados por completo de los hechos. Lo estaban, aclaro, para mí que no era capaz de ver la conexión. Ninguna de las interpretaciones que hacía emergía de esos datos, ninguno de los hechos cobraba sentido gracias a la descripción que estaba haciendo del contexto. Y la dificultad no estaba tanto en no tener un buen conocimiento del contexto como en la incapacidad de seleccionar y presentar las evidencias adecuadas para lograr una interpretación correcta.
  • Las herramientas de análisis. Una vez que tenía toda la información recogida y transcrita, otra dificultad que no pude superar fue cómo hacer el análisis, con qué herramientas. Hice varios intentos que no eran más que análisis temáticos para intentar ir definiendo categorías. Me parecieron insuficientes. Por contra, iba analizando la trascripción con las herramientas del análisis conversacional. Llegado a un punto, me di cuenta de que todo el análisis que tenía hasta entonces era un análisis conversacional y que el intento de establecer categorías con las entrevistas y las notas de campo no me llevaba a ningún sitio. ¿Por que insistir con la etnografía si todo lo que tengo es análisis conversacional? No tenía sentido continuar por ese camino.
  • El análisis conversacional. Los tres puntos que encontré en el análisis conversacional y a partir de los cuáles levanté mi trabajo fueron:
  1. Un conjunto bien establecido de conceptos que pude usar como herramientas de análisis. Estos conceptos me dieron evidencias concretas extraídas de la interacción. Honradamente creo que el trabajo que hice para transformar esos conceptos teóricos en herramientas de análisis son lo mejor de la memoria.
  2. Una perspectiva emic que para mí era fundamental para intentar una aproximación al qué, al cómo y al por qué. No estaba seguro de estar respetando la perspectiva emic cuando inicié el análisis etnográfico.
  3. Conceptos teóricos sobre el contexto que, desde el análisis del microcontexto, permiten llegan a relacionar la interacción con el macrocontexto sin abandonar la perspectiva emic (Gumperz, 1982; Seedhouse, 2004). Trabajar en y desde el microcontexto redujo enormemente el campo y me “salvo” del naufragio ya que me sujetó a lo que pasaba en la interacción antes que a la especulación macrocontextual.

Quiero dejar claro que esto no es una crítica al método etnográfico, ni una comparación entre la etnografía y el análisis conversacional ni, por supuesto, una receta para investigadores. Es mi camino personal y estos problemas son las dificultades con las que yo me encontré, no los puntos débiles de la etnografía. De hecho, he leído mucho sobre investigación etnográfica desde entonces y quizás, si continuo la investigación, intente de nuevo un trabajo etnográfico.

Referencias:

Agar, M. (2006). An Ethnography By Any Other Name …, Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research (Vol. 7, 149 parágrafos).

Cambra, M. (2003). Une approche ethnographique de la classe de langue. París: Didier.

Geertz, C. (1973). The interpretation of cultures : selected essays. Nueva York: Basic Books.

Gumperz, J. J. (1982). Discourse strategies. Cambridge [Cambridgeshire], New York: Cambridge University Press.

Seedhouse, P. (2004). The interactional architecture of the language classroom: a conversation analysis perspective. Malden, MA: Blackwell Pub.

Van Lier, L. (1988). The classroom and the language learner. Ethonography and second-languege classroom research. Londres: Longman.

Wolcott, H. (1985). On ethnography intent. Educational Adninistration Quarterly, XXI(3), 187-203.

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