Los economistas van a la escuela

Que en España hay crsis no es ningún secreto. Que la crisis está sirviendo de contexto a una ofensiva para desmantelar y privatizar dos (sanidad pública y educación) de los pilares fundamentales del estado de bienestar y fuentes principales de los ingresos indirectos de las clases trabajadores tampoco debería serlo.

En lo que toca a la educación se está siguiendo la táctica de “asesinar a base de austeridad” hasta aniquilar el sistema, estigmatización del sistema en su conjunto y de los educadores en particular y posterior privatización para alumbrar un  mercado educativo. Este verano, hablando con educadores, funcionarios e interinos, he visto como este ataque es tan feroz como triste es el hecho de que se se esté llevando a cabo antes nuestros ojos y haya quien esté batiendo palmas  a manos llenas, como hinchas que celebran un gol, y se alegre de que a los funcionarios les estén bajando el sueldo cuando lo que están robándole es la educación de sus hijos.

Dentro del discurso que está creando el contexto de recepción de este ataque están estas dos perlas. Una de un tal Juan Ramón Rallo haciendo un llamamiento a que la educación se deje en las manos de “los inversores”. Y otra, más elaborada y con unos meses ya, de un economista llamado César Molinas donde propone crear centros educativos de alto rendimiento, igual que se ha hecho con el deporte. El argumento es que si sirve para ganar medallas porque no va a servir para subir un par de puntos en el informe PISA. Molinas equipara la práctica del deporte, una actividad profesional para los casos que plantea, con la educación que es un derecho fundamental y una de las condiciones de posibilidad para que exista una verdadera igualdad de oportunidades. Como diece Henry Giroux, la educación es una práctica moral y ética de una sociedad. Muy lejos queda de pensarla como una forma de adiestrar a una élite para que los resultados de un sistema educativo pueda subir un par de puntos en una clasificación y colgarse dos medallas. Por cierto, Molinas se olvida mencionar que los sistemas educativos más exitosos del mundo en todas las clasificaciones son siempre sistemas públicos.

Hace meses, George Siemens puso un enlace a un informe que explicaba que la educación era un vasto mercado inexplorado que podría generar jugosas ganancias para los inversores. El informe se llama Fall of the Wall (en serio) y se subtitula “capital flows to educational innovation”. Los que tengan tiempo pueden echarle un vistazo, los que anden apurados se pueden quedar con lo que título y subtítulo prometen.

PD: Jordi Martí (@xarxatic) ha tocado también el tema aquí.

Contenidos y servicios en educación

Este tweet me dejo pensando. Demos por buena la afirmación. Esto significa crisis para las industrias que se dedican a la educación, entre ellas, aunque no la única, la industria editorial. Hay que buscar alternativas. Algunas de ellos son por ejemplo los contenidos digitales para lo que se necesita equipos (ordenadores, pizarras digitales, móviles…) en los que insertar esos contenidos digitales.

De pronto se empieza a hablar de Recursos educativos abiertos, de plataformas de software libre, abiertas, etc. ¿Qué pasa cuando se disipa el espejismo de los contenidos digitales? Hay que inventar otra alternativa y surge la idea de proveer servicios en lugar de contenidos. Por ejemplo servicios relacionados con la instalación, mantenimiento, gestión de software. Tal es el caso de los LMS es educación superior. Los LMS permiten, además, crear un nuevo recipiente donde depositar contenidos digitales con lo que se inicia un círculo que alimenta la demanda de diversos sectores.

Entonces se empieza a hablar de software libre y/o abierto. Es necesario dar otro paso. Se experimenta con nuevos productos a medio camino entre los contenidos y los servicios. No se me ocurre un mejor ejemplo que el curso de Stanford sobre Inteligencia Artificial donde se mezclan los contenidos, con las plataformas, las vídeos con los profesores, las tareas con los test y es difícil discernir qué parte toca a los profesores y qué parte a la empresa que se encarga del curso. ¿Es este el futuro?

 Ahora bien, cualquiera que sea la dirección que tomen las empresas educativas en el camino de desarrollar, proveer o inventar servicios siempre acabarán por encontrar el mismo límite. En educación, los servicios los proporcionan los profesores. En sistemas educativos públicos, eso significa que no hay lugar para esas empresas a menos que se defina de forma radical el rol del profesor y de la institución de la educación pública.